Cómo repartir los gastos de un piso compartido
Tres formas de dividir los gastos comunes, qué gastos entran y cuáles no, y cómo llevar las cuentas para que nadie tenga la sensación de estar pagando de más.
Los conflictos por dinero en un piso compartido casi nunca son por grandes cantidades. Son por no saber. Alguien compró el detergente tres veces seguidas, otro adelantó la factura de la luz y nadie recuerda si se le devolvió. Cuando no hay cuentas, cada persona lleva en la cabeza una versión en la que ha puesto más que el resto. La solución no es que todos sean más generosos: es que haya un registro que todos puedan ver.
Primero, decidir qué es común
Antes de hablar de cómo repartir, hay que acordar qué se reparte. Suele ayudar separar tres grupos:
- Gastos de la vivienda: alquiler, comunidad, luz, agua, gas, internet. Son comunes siempre.
- Gastos del día a día de la casa: productos de limpieza, papel higiénico, bolsas de basura, sal, aceite. Comunes casi siempre.
- Comida. Aquí es donde hay que hablar. Hay pisos que hacen compra común y pisos donde cada uno tiene su balda. Las dos opciones funcionan; lo que no funciona es no haberlo dicho.
Lo personal (tu champú, tus suscripciones, lo que pides para ti) se queda fuera. Si dudas de si algo es común, pregúntalo antes de comprarlo, no después.
Tres formas de repartir
A partes iguales
Cada gasto común se divide entre el número de personas. Es la más simple, la más fácil de comprobar y la que menos discusiones genera. Funciona bien cuando las habitaciones y los ingresos son parecidos.
En proporción a la habitación
Si una habitación es el doble de grande o tiene baño propio, es razonable que pague más alquiler. Lo habitual es aplicar la proporción solo al alquiler y repartir el resto a partes iguales: la luz y el internet se usan entre todos.
En proporción a los ingresos
Más frecuente en parejas que en pisos de compañeros. Cada uno aporta según lo que gana, de forma que el esfuerzo sea parecido aunque las cantidades no lo sean. Exige hablar de sueldos con franqueza, y revisar el acuerdo cuando cambien.
No hay una opción correcta. Hay una que todos los que viven en la casa consideran justa, y esa es la que vale.
Bote común o «quien paga, apunta»
Para los gastos variables hay dos sistemas:
- Bote común. Cada uno pone una cantidad fija al mes y las compras de la casa salen de ahí. Es cómodo, pero alguien tiene que custodiarlo y acaba faltando o sobrando.
- Quien paga, apunta. Cualquiera compra lo que hace falta con su dinero y lo anota. Periódicamente se calcula quién ha puesto de más y se compensa.
El segundo sistema es más flexible y no obliga a nadie a manejar dinero ajeno. Su única condición es que se apunte de verdad, en el momento.
Las cuentas: un ejemplo
Tres personas comparten piso. En un mes, los gastos comunes que ha adelantado cada una son:
| Quién pagó | Qué | Importe |
|---|---|---|
| Ana | Luz | 90 € |
| Bea | Internet y limpieza | 60 € |
| Carlos | Compra común | 30 € |
| Total | 180 € | |
A partes iguales, a cada uno le corresponden 60 €. El saldo de cada persona es lo que ha pagado menos lo que le toca:
- Ana pagó 90 y le tocan 60: le deben 30 €.
- Bea pagó 60 y le tocan 60: está en paz.
- Carlos pagó 30 y le tocan 60: debe 30 €.
Basta una transferencia: Carlos le envía 30 € a Ana. Este es el punto importante: no hay que devolver cada gasto por separado. Se acumulan, se calcula el saldo de cada uno y se compensa con los mínimos pagos posibles.
Cada cuánto se liquida
Una vez al mes suele ser suficiente, y conviene que sea siempre el mismo día, por ejemplo cuando se paga el alquiler. Liquidar con más frecuencia añade trabajo; dejarlo para «cuando nos acordemos» hace que las cantidades crezcan y que saldar cuentas se vuelva incómodo.
Normas que evitan problemas
- Se apunta en el momento. En la cola de la caja, no tres semanas después. Un gasto sin apuntar es un gasto que alguien ha regalado sin querer.
- Con descripción. «Súper, 42 €» dice poco. «Limpieza y papel, 42 €» permite revisarlo después.
- Un tope sin consulta. Acordad una cantidad, por ejemplo 20 o 30 euros, por debajo de la cual cualquiera puede comprar para la casa sin preguntar. Por encima, se consulta.
- Las cuentas, a la vista de todos. Que cualquiera pueda comprobar los gastos y su saldo cuando quiera. La transparencia es lo que quita la desconfianza.
- Al entrar o salir alguien, se liquida. Se deja todo a cero antes del cambio para no arrastrar cuentas con quien ya no vive ahí.
Con qué llevarlo
Una hoja de cálculo compartida sirve: una fila por gasto y una columna por persona. Su problema es que nadie la abre en el súper. Por eso es más práctico algo que esté en el móvil y haga las cuentas solo: apuntas quién pagó y cuánto, y el saldo se actualiza. Es lo que hace la parte de grupos de la app de gastos del hub, que además te enseña cuánto debes en la pantalla de inicio.
La herramienta es lo de menos. Lo que sostiene un piso compartido es haber acordado las reglas al principio y que todo el mundo pueda ver las cuentas.